
Se acaba de publicar en castellano un libro fundamental para abordar la «crisis de los cuidados» en la que sociedades ricas como la española están instaladas. Joan C. Tronto es profesora de ciencias políticas de la Universidad de Minnesota y autora de este libro de referencia desde su publicación en 2013 pero que no era accesible en castellano: «Democracia y cuidado: mercados, igualdad y justicia. El cuidado en el centro de la vida humana»
La idea fundamental de la obra y que expresa sencillamente en el prefacio es la siguiente:
«formar parte de la ciudadanía en una democracia significa cuidar de otras personas tanto como de la propia democracia»
Otra forma de decirlo: no hay democracia sin cuidados y no hay cuidados sin democracia.
¿Por qué nos parece en una primera impresión que democracia y cuidados no tienen mucho que ver?
Tronto opina que esa extrañeza tiene su origen en la separación tradicional que ha existido entre el ámbito de lo público, donde la democracia establece las normas que responden a valores abstractos como justicia o autonomía, y el ámbito de lo privado, sujeto a otra racionalidad diferente, la del cuidado, relacionada con valores como el amor, la compasión o la solidaridad.
¿Quién tiene que cuidar?
Para la autora ya no es posible confiar en «el mito de la división entre lo público y lo privado como medio para asignar responsabilidades del cuidado» tanto porque la democracia exige la igualdad para toda la ciudadanía (no puede haber una pre-asignación del rol de cuidar en las mujeres) como porque la naturaleza del cuidado ha cambiado (se ha convertido en un reto público; ya no es solo un problema privado)
Tronto asume que los cuidados son un valor público por tres razones:
- sin cuidado público la igualdad es imposible
- sin cuidado público atender las necesidades de todas las personas es imposible
- sin cuidado público no se puede concebir la democracia
Tronto señala como nuestras modernas sociedades consideran que la igualdad de género consiste en la incorporación de las tradicionales cuidadoras al mercado laboral: ¿solo hay emancipación si se sale de casa, si se deja de cuidar? Entonces ¿quién cuida si la emancipación solo es posible si no cuidamos? Este enfoque devalúa las relaciones de cuidado:
«Ningún estado puede funcionar sin ciudadanos producidos y reproducidos mediante el cuidado. Si los debates públicos no abordan esta cuestión de modo explícito, entonces las dimensiones asistenciales de la vida seguirán ocultas»
Por eso, para la autora, las políticas democráticas deben centrase en asignar responsabilidades de cuidado asumiendo varios principios:
- Las personas estamos siempre en relación
- Todos los seres humanos somos vulnerables y frágiles y, como consecuencia
- Todos los seres humanos son tanto receptores como productores de cuidados, aunque las capacidades y necesidades de cada uno van cambiando con el tiempo
El problema es que la mayoría de las teorías políticas asumen que todas somos autónomas y ven la dependencia como una condición imperfecta. Pero la dependencia es constitutiva del ser humano. Por eso Tronto lo tiene claro:
«Cuando todos estos elementos de la vida humana se dejan en segundo plano, los teóricos políticos y los filósofos morales terminan estableciendo un punto de partida distorsionado en el análisis sobre la naturaleza de las personas»
Desde una ética del cuidado democrática y feminista no es posible ignorar la realidad de la dependencia: la reflexión sobre este problema práctico es «uno de los más importantes para una sociedad democrática»
Para la autora es necesario exponer la forma en que las instituciones sociales y políticas permiten que haya quien soporte las cargas (y alegrías) del cuidado y permite que oras personas se libren de ello. A esa capacidad de «librarse» lo llama Tronto «pases»:
«Reciben esos pases porque están involucradas en otras actividades que estiman más importantes que el cuidado (y presumiblemente, la sociedad también)»

