
Las recientes declaraciones del consejero de Sanidad, Juan José Pedreño, defendiendo que los médicos sin MIR “están cualificados” para ejercer en Atención Primaria, no solo resultan preocupantes, sino profundamente contradictorias. El propio consejero es especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. ¿Acaso su formación especializada fue innecesaria? Si ahora se defiende que médicos sin esa especialización pueden desempeñar funciones en Atención Primaria, la pregunta es: ¿para qué entonces existe la especialidad en Medicina de Familia?
La lógica del consejero deslegitima no solo la especialidad, sino el propio valor de la formación médica en este campo. Si se considera que basta con tener el título de medicina para ejercer en Atención Primaria, ¿por qué existe un proceso formativo tan riguroso y selectivo para los que eligen especializarse en Medicina de Familia? La formación especializada no es solo un requisito, sino una garantía de que los médicos tienen las competencias necesarias para abordar las complejidades de la Atención Primaria.
Aceptar la incorporación de médicos sin especialidad en este ámbito no es una solución, sino un retroceso. Significa que la política sanitaria del consejero se basaría en un modelo asistencialista y burocrático, sin visión de futuro, alejado de las capacidades que la especialidad ha demostrado ofrecer. Si se parte de la premisa de que los médicos sin formación especializada son adecuados para el trabajo en Atención Primaria, las futuras reformas políticas en este ámbito estarán irremediablemente limitadas. Estarán centradas únicamente en cuestiones administrativas y asistenciales, dejando de lado el enfoque integral, relacional y de largo plazo que ofrece la Medicina de Familia.
Es crucial que la utilización de médicos sin especialidad en Atención Primaria no sea vista como la norma, sino como una excepción, con condiciones claras de supervisión y salvaguardas para garantizar la seguridad del paciente. Para evitar que la atención se vea comprometida, debe existir un marco normativo que regule su incorporación, con supervisión constante por médicos con especialidad y una formación continua adecuada. En este contexto, es vital establecer un sistema de acompañamiento, que evite que la presencia de médicos sin especialidad se convierta en una brecha de calidad en la atención.
En la coyuntura actual, con plazas MIR vacantes en diversas especialidades, resulta difícil encontrar incentivos reales para que un licenciado opte por realizar la residencia, cuando puede incorporarse directamente al sistema cobrando el doble y sin asumir las exigencias y limitaciones propias del periodo formativo. Esta situación genera, además, un agravio comparativo evidente con los residentes, especialmente en medicina de familia: no es infrecuente que un R4 comparta centro de salud con un médico recién titulado que desempeña funciones asistenciales sin supervisión externa, mientras él o ella, con más experiencia y en pleno proceso de especialización, percibe menos de la mitad del salario y trabaja bajo supervisión obligatoria. Esta distorsión no solo desincentiva la formación especializada, sino que erosiona el prestigio y la motivación de quienes apuestan por completar su desarrollo profesional conforme a los estándares establecidos.

Como bien señala el presidente de la ADSP Abel Novoa en su artículo en La Verdad, la Medicina de Familia no se limita al conocimiento biomédico general; se integra con un enfoque psicosocial, cultural y relacional. Los médicos de familia no solo resuelven problemas de salud, sino que gestionan la continuidad de la atención, coordinan recursos y toman decisiones complejas en condiciones de incertidumbre. Estas capacidades se adquieren a través de una formación exhaustiva, que no se puede sustituir por un título de licenciatura.
La mera posesión de un título en Medicina no garantiza la competencia necesaria para ofrecer una atención de calidad en Atención Primaria. No aceptamos que se otorguen responsabilidades en otras especialidades como cardiología o radiología sin la formación correspondiente, ¿por qué debería ser diferente en Medicina de Familia?
Es difícil no interpretar las declaraciones del consejero como un auténtico “efecto llamada” para médicos sin formación especializada: si en la Región de Murcia se les abre la puerta de par en par, se les paga mejor que a un residente y, además, se les reconoce como “plenamente cualificados” para hacer el mismo trabajo que un médico de familia, ¿para qué invertir años en una residencia exigente y mal remunerada? Con esta política, el propio consejero se queda sin su argumento estrella de que “no hay médicos de familia”, porque ahora el mensaje es claro: no hacen falta… basta con contratar médicos sin especialidad.
Las declaraciones del consejero, al restar valor a la especialización, no solo desprofesionalizan la Atención Primaria, sino que arriesgan la calidad del sistema sanitario en su conjunto. La solución no está en abrir las puertas a médicos sin especialidad, sino en fortalecer la formación, mejorar las condiciones laborales y reforzar institucionalmente la importancia de la especialidad de Medicina de Familia algo que lamentablemente el máximo responsable de la Consejería de Salud de la Región de Murcia no parece entender.
La contratación de médicos sin especialidad en Atención Primaria solo puede ser una excepción que se lleve a cabo en un contexto que garantice la seguridad de los pacientes y genere incentivos para que los profesionales opten por la formación especializa en Medicina de Familia. Las declaraciones del consejero Pedreño no pueden ser más desafortunadas y despreciativas con su propia especialidad en un momento en el que la Atención Primaria requiere el máximo apoyo y reconocimiento
Junta Directiva ADSP-RM
